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Sunday, December 16, 2007

BREVES ACOTACIONES A JORGE WAGENSBERG SOBRE LA VERDAD JURIDICA



Estos son nuestros comentarios de urgencia a algunas de las cuestiones abordadas en "Jueces y científicos, tras la misma verdad":


1) "La verdad jurídica descansa entonces en los jueces y en las leyes vigentes.El científico o el juez buscan la verdad más científica, la más objetiva, inteligible y dialéctica, la verdad más verdadera."
Esto es así solo respecto de la verdad "lege lata" porque las leyes vigentes pueden respaldar (como "quaestio iuris") verdades jurídicas que no están respaldadas como cuestión de hecho ("questio facti").Ya la definición de ley de Santo Tomás pone de relieve esta diferencia cuando se refiere a la "ordenación de la razón dirigida al bien común".
El aforismo que define la actividad del juez ("da mihi factum, dabo tibi ius") presupone que la ley no está afectada ("lege ferenda") por el mismo procedimiento de controversia (y contradicción) en cuanto a la definición de los derechos que la actividad posterior de asignación o ejecución de los mismos.El procedimiento legislativo es un procedimiento contradictorio que no opera solo con la objetividad, inteligibilidad y ausencia de contradicción.En las leyes y en la definición de derechos que llevan a cabo hay intereses contrapuestos.También los hay en los procesos constitucionales.
Como un ejemplo reciente relevante de compatibilidad entre verdad científica y jurídica puede citarse el PROTOCOLO DE MONTREAL SOBRE LIMITACION DE EMISIONES DE CFC
Por el contrario, sobre la dificultad de definir las cuestiones de hecho decisivas para decidir las politicas legislativas sobre la información y las nuevas tecnologías puede citarse el trabajo de BENKLER, LO QUE DE VERDAD ESTA EN JUEGO EN LAS POLITICAS LEGISLATIVAS SOBRE LA INFORMACION
La verdad "lege lata", que es la verdad del juez (y de la sociedad estáticamente considerada), es una verdad muy limitada (aunque muy importante) en el contexto de los cambios sociales y normativos.Esto lo sabía ya muy bien MAQUIAVELO:"NO HAY NADA MAS DIFICIL DE CONSEGUIR, NI DE EXITO MAS DUDOSO, NI MAS PELIGROSO DE MANEJAR, QUE INICIAR UN NUEVO ORDEN DE COSAS".
2) "Cada vez hay más objetos comunes al método científico y al método jurídico: materiales transgénicos, organismos clónicos, ciberespacio, energías alternativas, eutanasia, cambio climático… ¿He dicho cambio climático?

La comunidad científica está inquieta desde hace décadas por la cuestión. Sin embargo, hace sólo unos meses que los científicos han conseguido transmitir esta preocupación, masivamente, a los ciudadanos del mundo. Quizá sea la primera gran colisión entre el método científico y el método jurídico. Mientras centenares de los mejores especialistas hacen su diagnóstico de la salud del planeta con los principios del método científico, otras figuras acusadoras (o defensoras) anteponen otros intereses para desprestigiar (o sobrevalorar) a los científicos y para minimizar (o para exagerar) sus resultados."
Aunque todos los científicos del mundo se pusieran de acuerdo, el problema histórico y social de la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero exige "asignar derechos" ("quaestio iuris") de emisión y aquí los países en vías de desarrollo exigen sus "derechos".Es posible que la negociación no sea un "juego de suma cero" (los resultados científicos parece que avalarían lo contrario), pero la "verdad a largo plazo" no forma parte de la verdad de las élites políticas de los países o de los intereses inmediatos de los propios países.Esta es de nuevo la dificultad puesta de manifiesto por Maquiavelo.
Es necesario buscar una convergencia de objetivos, pero también hay contraposición de intereses entre los participantes.La cumbre de Bali lo pone de manifiesto.
Los agentes económicos y sociales tienen mucho que decir, pero las crisis económicas y sociales no garantizan un connvergencia del tipo de la del Protocolo de Montreal antes citada.
Sobre el "derecho a los recursos" (incluido el de la contaminación por GEI) puede verse el trabajo de "Wackernagel et alt." TRAZANDO LA SOBREUTILIZACION ECOLOGICA DE LA ECONOMIA HUMANA
Sobre los agentes económicos y el desarrollo sostenible:
3) "Una fabulosa diversidad cocida a fuego lento durante miles de millones de años (la inerte, la viva y la cultural) necesita ahora que la verdad científica y la verdad jurídica caminen de la mano. Es cuestión de empezar a entrenarse…"
En necesario, sin duda.En cuanto a su posibilidad, hay que tener en cuenta que la "objetividad, inteligibilidad y ausencia de contradicción" en la definición de derechos ("questio iuris") está sujeta en la "verdad juridica" a condicionamientos históricos, económicos y sociales que hacen que la "verdad más comprensible" de la ciencia se mantenga en una escala diferente porque, a nivel jurídico, la verdad "más comprensible" sería la "verdad más comprehensible", es decir, aquella que es capaz de abarcar o ganar para su causa a los decisores en el proceso de asignación de los derechos.Esto es de nuevo lo que ya Maquiavelo sabía.Saberlo, a diferencia de lo que sucede en la ciencia, no hace más fácil su bosquejo, negociación y logro.Los cientificos, incluidos los juridicos, también deberían ser conscientes de ello:"NO HAY NADA MAS DIFICIL DE CONSEGUIR, NI DE EXITO MAS DUDOSO, NI MAS PELIGROSO DE MANEJAR, QUE INICIAR UN NUEVO ORDEN DE COSAS" (EL PRINCIPE)

Sunday, December 9, 2007

¿JUECES Y CIENTIFICOS, TRAS LA MISMA VERDAD?

Aunque el autor de "La Cuarta Página" de Opinión de El País del Sábado 8 de Diciembre (abajo reproducida) no utiliza el interrogante, nuestra idea es plantear, en próximas entradas, algunos interrogantes a las consideraciones vertidas en la misma.

JORGE WAGENSBERG 08/12/2007
Opinión/El País, España.

Un científico busca comprender la realidad con la intención de anticipar la incertidumbre. Un juez, también. La ciencia dispone de un acervo de leyes de la naturaleza aceptadas (en cada momento) como vigentes. La justicia también tiene el suyo. La ciencia ayuda a sobrevivir, la justicia a convivir. El científico usa un método para acercarse a la verdad. El juez, también.


El método científico respeta tres principios: el principio de objetividad (el observador elige la observación que menos afecta aquello que observa), el principio de inteligibilidad (la verdad vigente es la más comprensible entre todas las disponibles) y el principio dialéctico (la verdad vigente minimiza las contradicciones con la realidad). Ciencia es cualquier pedazo de conocimiento elaborado con estos tres principios.


La justicia no es muy diferente. Pero la ciencia no consigue aplicar su método al cien por cien durante todo el proceso de investigación. La justicia, tampoco. Y aquí aparece la primera diferencia. El científico se obliga, por oficio, a aplicar el método con la máxima fuerza posible en cada situación. En un proceso jurídico no ocurre lo mismo durante todas sus fases ni por parte de todos sus actores. Se puede admitir que lo hace el juez que dirige la instrucción y también el juez que dirige la vista. Incluso se puede admitir que, en principio, también lo hace el fiscal. Pero no se puede decir lo mismo del abogado defensor y del abogado acusador.


Ni uno ni otro se declaran contra la objetividad, la inteligibilidad y la dialéctica empírica, pero atención, la defensa defendiendo al defendido y la acusación acusando al acusado, tienen otra prioridad: el beneficio de su cliente. (El fiscal defiende la ley aunque, en la práctica, tienda a alinearse con la acusación particular).


Y esta tendencia, la de favorecer al cliente por delante de la verdad científica, no es algo que sencillamente se tolere. Forma parte del código deontológico del abogado. Así lo aceptamos y quizá no pueda ser de otra manera. No es una aberración faltar a la objetividad observando sólo aquello que favorece al cliente y ninguneando todo aquello que le perjudica. No es una aberración faltar a la inteligibilidad dando rodeos o trufando la esencia con matices. Y no es una aberración faltar a la dialéctica experimental acentuando unas contradicciones e ignorando otras.
Tampoco es una aberración contratar un detective para buscar sólo una clase de pruebas, las favorables, o convocar sólo a los intelectuales cuyas sinceras opiniones son justo las que convienen. Uno no deja de sufrir una ligera conmoción la primera vez que cae en la cuenta de que un abogado puede, por oficio de abogado, defender con igual profesionalidad y entusiasmo una causa como la contraria.


Gracias a la objetividad el conocimiento tiende a ser universal (no depende de quién lo elabora). Gracias a su inteligibilidad el conocimiento tiende a servir para anticipar la incertidumbre (cuando lo más cierto del mundo es que el mundo es incierto). Y gracias a la autoridad de la evidencia experimental, el conocimiento cambia, avanza, progresa. El defensor o acusador buscan la verdad que mejor defiende o acusa. El científico o el juez buscan la verdad más científica, la más objetiva, inteligible y dialéctica, la verdad más verdadera.


Apresurémonos a decir que ser científico no es una garantía de pureza objetiva, inteligible y dialéctica. El científico también puede pecar anteponiendo otros intereses, como su prestigio personal o su autoestima. A veces el científico se excede en su deseo de que la naturaleza encaje con su verdad y, con disimulo, le da una secreta ayudita. Hoy sabemos que Mendel, el padre de la genética, no pudo ver lo que dijo que vio. Sus resultados son mejores de lo que tocan estadísticamente. Fue más fe en la verdad que ánimo de engañar, pero mal hecho. Eddington estaba tan deseoso de confirmar la teoría general de la relatividad de Einstein en su célebre observación del eclipse de 1919 que lo consiguió, pero sabemos por sus cuadernos que unos datos le gustaron más que otros. Mal hecho también. En 2002 el físico Jan Hedrick Schön avergonzó a la comunidad científica inventándose los datos de más de 80 publicaciones en un solo año. Caso patológico. El pecado científico, sea éste venial o mortal, siempre acaba saliendo a la luz. El crimen perfecto es más difícil aún contra la verdad científica que contra la verdad jurídica.


En suma, el científico sabe muy bien cuándo peca porque sabe cuándo le falta al método científico. En cambio, defensores y acusadores no pecan cuando dan preferencia a sus clientes. La verdad jurídica descansa entonces en los jueces y en las leyes vigentes. Durante siglos, la verdad científica y la verdad jurídica han seguido caminos próximos pero disjuntos, por lo que no ha habido grandes colisiones. La órbita de un planeta o el metabolismo de una célula poco tenían que ver con un robo a mano armada o con la disputa de una herencia. Sin embargo, todo está cambiando en este siglo y los caminos de ambas clases de verdad dibujan una trama y una urdimbre de confusas bifurcaciones. Cada vez hay más objetos comunes al método científico y al método jurídico: materiales transgénicos, organismos clónicos, ciberespacio, energías alternativas, eutanasia, cambio climático… ¿He dicho cambio climático?


La comunidad científica está inquieta desde hace décadas por la cuestión. Sin embargo, hace sólo unos meses que los científicos han conseguido transmitir esta preocupación, masivamente, a los ciudadanos del mundo. Quizá sea la primera gran colisión entre el método científico y el método jurídico. Mientras centenares de los mejores especialistas hacen su diagnóstico de la salud del planeta con los principios del método científico, otras figuras acusadoras (o defensoras) anteponen otros intereses para desprestigiar (o sobrevalorar) a los científicos y para minimizar (o para exagerar) sus resultados.


Si hay que escoger, mejor alarmarse que no alarmarse. Es la diferencia entre un susto y una tragedia cósmica. El cambio climático aporta algunas novedades: es global (quizá sea la primera vez que todos los terrícolas tenemos un interés común), aún no existe el equivalente de un buen paquete de leyes para proteger la salud del planeta (universales para toda su superficie) y hay demasiados defensores y acusadores de toda índole para ninguna figura equivalente a la del juez o la del fiscal.


La ciencia, globalizada desde su nacimiento en el Renacimiento, da significados a conceptos (como método, crecimiento, progreso, competencia, colaboración, complejidad, irreversibilidad, incertidumbre o riesgo) que poco se parecen al de los conceptos homólogos fuera de ella. Una fabulosa diversidad cocida a fuego lento durante miles de millones de años (la inerte, la viva y la cultural) necesita ahora que la verdad científica y la verdad jurídica caminen de la mano. Es cuestión de empezar a entrenarse…


Jorge Wagensberg es director de la Nueva Área de la Ciencia de la Fundación La Caixa.

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