Friday, November 30, 2018

LA CRISIS DE LAS CONSTITUCIONES Y DEL CONSTITUCIONALISMO



Hoy hay una cosa cierta. O se va adelante en el proceso constituyente europeo y después global y se pone en marcha un proceso general de integración política, basado en la garantía de la paz y de los derechos vitales de todos, o se retrocede de un modo brutal y radical. O se va hacia la integración constitucional y la unificación política de Europa, tal vez mediante una asamblea constituyente europea, o bien se producirá una disgregación del Unión y una quiebra de nuestras economías y nuestras democracias en beneficio de tantos populismos como como están creciendo en todos los países europeos. O se imponen límites al desarrollo desregulado y salvaje del capitalismo global, en interés de todos, o se irá hacia un futuro de seguras catástrofes: a las devastaciones medioambientales consiguientes a un desarrollo industrial ecológicamente insostenible; a la amenaza nuclear en un mundo saturado de armamentos incomparablemente más mortíferos que los de cualquier época pasada; al crecimiento exponencial de la desigualdad , la miseria y el hambre, y a desarrollo incontrolado del crimen organizado y el terrorismo.

Toda la historia del derecho moderno es la historia atormentada de un largo proceso de limitación de los poderes absolutos, a través de vínculos impuestos a los mismos como instrumentos de tutela y actuación de los derechos de todos y de la convivencia pacífica. Por eso, es un elemental realismo del largo plazo el que hace necesario y urgente, como condición de supervivencia del género humano, el proyecto de un constitucionalismo global basado en la igualdad de todos los seres humanos, en el desarme generalizado, en los límites al desarrollo industrial insostenible y en la globalización de las garantías de los derechos fundamentales y de los bienes comunes y vitales.

Sería una quiebra de la razón-de esa artificial reason a la que, en el origen de la Edad Moderna, se remitió Thomas Hobbes en apoyo del contrato social- que este proceso se interrumpiese, precisamente cuando los poderes viejos y nuevos han llegado a ser más amenazantes que nunca para la supervivencia de la humanidad.

(…)

Una víctima inevitable de esta regresión, además de las dimensión sustancial y constitucional de nuestras democracias, son las bases sociales del proyecto de unificación europea con su consiguiente deterioro. El Brexit es solo un síntoma clamoroso de esta involución civil de Europa, generada en realidad por la marginación de la política producida por el absurdo marco institucional europeo. En efecto, se ha puesto de manifiesto una llamativa contradicción que está en el origen de la crisis de la Unión y que consiste en su irracional arquitectura institucional. En el plano jurídico, la Unión Europea es ya una federación, si por “federación” se entiende la separación de funciones comunitarias y funciones federadas y la atribución a las primeras de relevantes poderes normativos cuyo ejercicio produce normas que entran inmediatamente en vigor en los ordenamientos de los estado federados sin necesidad de una ratificación por parte de sus parlamentos .Lo que falta es la dimensión política de la federación , al estar Europa gobernada no por un gobierno federal vinculado al cuidado de los intereses comunes de la Unión, sino por un consenso internacional de estados  en los cuales lo más que cabe es realizar una constante mediación pacticia entre los intereses en conflicto, cuyo resultado es inevitablemente la prevalencia de los intereses de los países más fuertes. Es así como la Unión ha vuelto a ser solamente un mercado común, sin que la reducción de las esferas públicas estatales en materia de políticas económicas y sociales hay sido reemplazada por una esfera pública europea. Y es claro que un federalismo jurídico europeo sin un gobierno político federal no es sostenible a largo plazo. En efecto, pues las políticas de austeridad impuestas por los organismos comunitarios, al llevar consigo el crecimiento de las desigualdades y la reducción del estado social, como era previsible, están provocando la disgregación de la sociedad europea, la quiebra de la solidaridad y del sentido de pertenencia de los diversos pueblos a misma comunidad política, el crecimiento de la antipolítica que siempre se desarrolla como reflejo inevitable de los fracasos de la política. En síntesis, de no darse un cambio de dirección en las políticas comunitarias, asistiremos, en breve, al lento suicidio político de la Unión Europea.

(Luigi Ferrajoli: Constitucionalismo más allá del Estado. Editorial Trotta, S.A., 2018.Págs 57-58 y 82)

El detalle de los procesos de crisis constitucional nacional reviste peculiaridades propias en cada país.
Ferrajoli menciona muchos de los detalles correspondientes a Italia, que también abundan en todas sus obras.

Por referirnos brevemente a nuestro país, pueden citarse unos pocos pero significativos ejemplos a los que se ha aludido en este sitio desde hace años:

1) La modificación en el año 2007, mediante la reforma de la Ley Orgánica del Tribunal Constitucional, del recurso de amparo constitucional y su transformación en un recurso solo admisible en caso de “especial trascendencia constitucional”, que es un requisito no contenido en la Constitución y que contradecía la historia previa del recurso de amparo durante casi 30 años.
Se legitiman así las infracciones de derechos constitucionales que no revistan “especial trascendencia constitucional”.

2) Las sucesivas modificaciones del recurso de casación y la exigencia en la mayoría de los ámbitos de un interés casacional objetivo para la formación de jurisprudencia.
Se legitiman así las infracciones de la legalidad ordinaria no cualificadas por el “interés casacional objetivo” y, en definitiva, el derecho constitucional a la legalidad en áreas tan relevantes como el derecho de propiedad, la legalidad en el ámbito administrativo sancionador y el principio de legalidad en materia tributaria.

3) El recurso abusivo a formas de ejercicio del poder sin las suficientes garantías, como la utilización del decreto-ley, el retraso de los procedimientos de inconstitucionalidad y las declaraciones de invalidez meramente retóricas y sin consecuencias prácticas.


Una realidad incuestionable puesta de manifiesto por Ferrajoli es que hoy, más que nunca, el Derecho y los derechos o son de todos o sucumbirán como forma de protección, regulación y legitimación social. La justicia sin Derecho y sin derechos de todos es un experimento repetidamente fracasado. En el ámbito internacional y nacional, la única alternativa es la guerra. La historia, que sirve para saber lo que ha pasado, ofrece una triste y trágica prueba de ello.