Pero a estos maestros míos de realismo político quisiera
añadir al menos el nombre de otro autor, Elias Canetti, y de una obra, Masa y poder, que, conocida con retraso
a través de la traducción italiana*, me ha hecho ver la política, por citar el
título de un célebre libro, también como “el rostro diabólico del poder”. Eso
me indujo a contraponer no tanto, como suele ocurrir, la democracia sustancial
a la formal, contraposición que siempre me pareció engañosa, sino la democracia
real a la ideal. De ahí nació mi análisis de las “promesas no mantenidas” que
forma parte de mi libro quizás más conocido, y que he recordado más de una vez,
El futuro de la democracia. Entre
estas promesas no mantenidas señalé, y he vuelto más veces sobre el tema, la
persistencia del poder invisible, de los arcana
imperii, que me ha hecho repetir varias veces un dicho de Canetti: “El
secreto está en el núcleo más íntimo del poder”.
*Me refiero
a la traducción de Furio Jesi, Massa e potere, Adelphi, Milán
1981.Ed.orig.1960. En Canetti me inspiré de forma especial para mis reflexiones
sobre el poder invisible. Con motivo de su muerte escribí: “Tengo una deuda de
agradecimiento con él; por lo que aprendí sobre el aspecto invisible del obrar
político de su gran obra Masa y poder: invisible porque se sustrae intencionadamente a la mirada de los comunes
mortales, porque a menudo se oculta tras una máscara. Por un lado, la máscara,
al endurecer la movilidad del rostro humano, lo deforma, por otro, como el
hombre puede cambiar de máscara pero no de rostro, logra parecer distinto pese
a seguir siendo el mismo. El poder y la máscara; un hermoso tema del que en
general no se hallan rastros en los libros de los politólogos. Pero mirando a
nuestro alrededor, en casa y en otros lugares, en especial en un mundo donde la
imagen del poder está constantemente ante nuestros ojos, tenemos buenas razones
para no olvidarlo” (La Stampa, 31 de
diciembre de 1994, p.14)
(Norberto
Bobbio, De senectute. Santillana, S.A. Taurus, 1997, páginas 197-198 (Derecho y
poder), traducción de Esther Benítez)
¿Acaso no son
las “fake news” y la instrumentación y uso de las redes sociales la nueva y
ubicua “máscara” del poder que lucha y, para defenderse, no solo necesita
mantener y preservar sus secretos sino también desvirtuar la difusión y el
valor cognoscitivo de la información que los contrapoderes intentan producir?
¿Acaso no es también "el núcleo más íntimo" de wikileaks?


