Saturday, January 24, 2015

LAS RELIGIONES POLITICAS






No obstante si Pilato no emitió un juicio legítimo, el encuentro entre el vicario del Censar y Jesús, entre la ley humana y lo divino, entre la ciudad terrenal y la celestial, pierde su razón de ser y se convierte en enigma. Cae, con eso también, toda posibilidad de una teología política cristiana y de una justificación teológica del poder profano. El orden jurídico no se deja inscribir tan nítidamente en el orden de la salvación, ni éste en aquél. Pilato, con su falta de resolución-como el soberano barroco según Benjamín, que es incapaz de decidir-, dividió para siempre los dos órdenes o, cuando menos, hizo insondable su relación. De este modo condena la humanidad a una krísis incesante, incesante porque no puede ser decidida jamás de una vez y para siempre.

La irresolubilidad implícita en la confrontación entre los dos mundos y entre Pilato y Jesús se comprueba en las dos ideas clave de  la Modernidad; que la historia es un “proceso” y que este proceso, por cuanto no termina en un juicio, se halla en estado de crisis permanente. En este sentido, el proceso de Jesús es una alegoría de nuestro tiempo que, como toda época histórica que se respete a sí misma, debería tener la forma escatológica de una novissima dies, pero que ha sido privada de ella por la tácita y progresiva extenuación del dogma del Juicio Universal, de lo cual la iglesia ya no quiere oír hablar

(Giorgio Agamben, “Pilato y Jesús”. Adriana Hidalgo editora, páginas 53-54)

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