Tuesday, December 8, 2015

De las buenas intenciones a la descarbonización profunda by Jeffrey D. Sachs , Guido Schmidt-Traub and Jim Williams - Project Syndicate

De las buenas intenciones a la descarbonización profunda by Jeffrey D. Sachs , Guido Schmidt-Traub and Jim Williams - Project Syndicate


La razón para preocuparnos es esta. El modo más sencillo de reducir las emisiones de aquí a 2030 es convertir las centrales de energía a carbón en centrales a gas. Las primeras emiten unos 1000 gramos de CO2 por kilowatt-hora; las segundas, alrededor de la mitad. Durante los próximos 15 años, no sería difícil construir nuevas centrales a gas para reemplazar las centrales a carbón. Otro resultado fácil de obtener es conseguir grandes mejoras en la eficiencia energética de los motores de combustión interna de los automóviles, de modo de pasar, por decir algo, de 35 millas por galón en Estados Unidos (15 kilómetros por litro) a 55 millas por galón (23 kilómetros por litro) antes de 2025. 

El problema es que con centrales a gas y vehículos con motor de combustión interna más eficientes no se llega a eliminar totalmente las emisiones de aquí a 2070. Necesitamos llegar a más o menos 50 gramos (no 500) por kilowatt-hora en 2050. Necesitamos vehículos sin ninguna emisión, no vehículos a gas más eficientes, sobre todo porque es probable que la cantidad de vehículos en todo el mundo se duplique a mediados de siglo. 

Para lograr la descarbonización profunda no necesitamos gas natural y vehículos más eficientes, sino centrales productoras de electricidad totalmente no contaminantes y vehículos eléctricos cuyas baterías se carguen en la red de distribución de esas centrales. Esta transformación más profunda, a diferencia de los resultados inmediatos en los que piensan hoy muchos políticos, es el único camino hacia la seguridad climática (es decir, no superar el límite de 2 ºC). Por el camino de la conversión de carbón a gas y los vehículos a gas más eficientes corremos el riesgo de meternos en una trampa de alta emisión de dióxido de carbono. 

image: http://www.project-syndicate.org/flowli/image/sachs255graph/original/english

La figura anterior muestra el dilema. El camino de los resultados inmediatos (en rojo) logra una reducción abrupta de aquí a 2030, y es probable que lo haga con menos costo que el camino de descarbonización profunda (en verde), porque la conversión a electricidad no contaminante (por ejemplo, energía solar y eólica) y al uso de vehículos eléctricos puede costar más que hacer un arreglo simple con nuestras tecnologías actuales. El problema es que el camino de los resultados inmediatos implica menos reducciones después de 2030: es un callejón sin salida. Solamente el camino de la descarbonización profunda llevará la economía al nivel de descarbonización necesario en 2050 y a la eliminación total de las emisiones netas en 2070. 

La solución de corto plazo es muy atractiva, especialmente para los políticos, que están atentos al ciclo electoral. Pero es un espejismo. Para que las autoridades comprendan lo que realmente está en juego en la descarbonización y lo que deben hacer hoy para no caer en la trampa de las soluciones fáciles, es necesario que todos los gobiernos formulen compromisos y planes que abarquen no solamente de aquí a 2030 sino, por lo menos, hasta 2050. Este es el mensaje central del Proyecto Caminos para una Descarbonización Profunda (DDPP), que movilizó a equipos de investigación en 16 de los países más contaminantes para preparar planes de descontaminación de aquí a mediados de siglo.
El DDPP muestra que la descarbonización profunda es técnicamente factible y asequible, e identificó caminos para seguir de aquí a 2050 que eluden las trampas y tentaciones de los resultados inmediatos y ponen a las principales economías en una senda hacia alcanzar la descarbonización total más o menos en 2070. Todos ellos se apoyan en tres pilares: grandes avances en eficiencia energética, mediante el uso de materiales y sistemas inteligentes (basados en información); electricidad totalmente no contaminante, a partir de las mejores opciones con que cuente cada país (eólica, solar, geotérmica, hídrica, nuclear y con captura y almacenamiento de carbono); y reemplazo de los motores de combustión interna por vehículos eléctricos, en conjunto con otros pasos hacia la electrificación o el uso de biocombustibles avanzados. 


Traducción: Esteban Flamini

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