Tuesday, December 6, 2016

EL PLAN DE THATCHER Y CÓMO DERROTARLO




El plan de Thatcher y cómo derrotarlo

Philippe Van Parijs

¿Dónde podemos encontrar la más lúcida y compacta descripción del predicamento de la Unión Europea de hoy?. En una poderosa intervención para su creación escrita hace casi 80 años. En  “Las condiciones económicas del federalismo interestatal” (1939), reimpresas en su Individualismo y OrdenEconómico, Friedrich Hayek explica por qué el encuentra una federación multinacional, más tarde ejemplificada por la UE, una idea maravillosa. Esto es, esencialmente, porque combina dos características.

La trampa de Hayek

En primer lugar, está la función deshabilitante del mercado común, es decir los límites económicos sobre la política estatal que derivan de la libertad de movimientos entre las fronteras:

Si los bienes, las personas y el dinero pueden moverse libremente entre las fronteras interestatales, resulta imposible incidir en los precios de los diferentes productos mediante la acción de los estados individuales
El desapoderamiento de los gobiernos nacionales no se limita a la fijación de precios:

Como se demostrado por la experiencia en federaciones existentes, incluso la legislación sobre la restricción del trabajo infantil o de las horas de trabajo llega a ser difícil para el estado individual […}] No solamente la mayor movilidad entre los estados hace necesario evitar toda clase de tributación que lleve el capital o el trabajo a otro lugar, sino que habrá también considerables dificultades con muchos tipos de tributación indirecta.

En la esfera de los estados, todas las organizaciones económicas centrales serán seriamente debilitadas:

Una vez las fronteras dejan de esta cerradas y el libre movimiento es asegurado, todas estas organizaciones nacionales, sean sindicatos, cárteles o asociaciones profesionales, perderán su posición monopolística y entonces, como organizaciones nacionales, su poder para controlar la oferta de sus servicios o productos
Maravilloso- para Hayek! ¿Pero no será la capacidad para actuar al nivel nacional reemplazada por una capacidad para actuar al recién creado nivel de la federación? De ninguna manera- y esta es la segunda característica  que, combinada con la primera, da cuenta del entusiasmo de Hayek. Porque hay dos serios obstáculos a la creación de tal capacidad. En primer lugar las diferencias económicas serán mucho más pronunciadas en una entidad grande que en una pequeña:

Muchas formas de interferencia estatal, acogidas en un estadio de progreso económico, son consideradas en otro como un gran impedimento. Incluso tal legislación como la limitación de las horas de trabajo o el seguro de desempleo obligatorio, o la protección de diversiones , serán vistas de diferente manera en regiones pobres y ricas y puede ser que en la primeras sean dañosas y levanten un oposición violenta por parte de la gente que en las regiones más ricas las demandan y se benefician de ellas

En Segundo lugar; y más seriamente, una federación multinacional carece de la identidad común y de la disposición a la solidaridad asociada en la que las naciones estado pueden descansar:

En las actuales ideologías nacionales es comparativamente fácil persuadir al resto de la comunidad que es en su propio interés proteger “su” industria del acero o “su” producción de trigo o lo que sea […] la consideración decisiva es que su sacrificio beneficie a sus compatriotas cuya posición les resulta familiar. ¿Operarán los mismos motivos en beneficio de otros miembros de la Unión? ¿Es esperable que el campesino francés esté dispuesto a pagar más por su fertilizante para ayudar a la industria química Inglesa? ¿Estará de acuerdo el empleado en la ciudad de Londres en pagar más por sus zapatos o su bicicleta para ayudar […] a los trabajadores Belgas?

No hay ninguna duda para Hayek en cuanto a la respuesta. El, sin embargo, concede que:

Estos problemas no son , des luego, infrecuentes en los estados nacionales tal como los conocemos. Pero resultan menos difíciles por la homogeneidad comparativa, las convicciones e ideales comunes y la entera tradición común de la población de  un estado nacional

Las decisiones en particular son menos difíciles de aceptar si el gobierno que las toma se considera que está formada de compatriotas en lugar de mayoritariamente de extranjeros

Aunque en el estado nacional la sumisión a la voluntada de la mayoría será facilitada por el mito de la nacionalidad, debe resultar claro que la gente será reacia a someter cualquier interferencia en sus asuntos diarios cuando la mayoría que dirige el gobierno está compuesta de gente de diferentes nacionalidades y tradiciones. Es, después de todo, sentido común  que el gobierno central en una federación compuesta de mucha gente diferente tendrá que restringir su ámbito si debe evitar encontrar un resistencia creciente de parte de los varios grupos que incluye.

El resultado de la combinación de estas dos características-límites económicos sobre el estado nacional y límites políticos sobre el gobierno de la unión- debería ser lo suficientemente claro:

Parece haber poca duda que el ámbito de  la regulación de la vida económica será mucho más estrecho para el gobierno central de una federación que para los estados nacionales. Y puesto que, como hemos visto, el poder de los estados que forman la federación será todavía más limitado, mucha de la interferencia con la vida económica a la que hemos estado acostumbrados será impracticable bajo una organización federal.
En consecuencia, la creación de tal federación multinacional es una herramienta esencial y fantástica para la realización del “programa liberal” de Hayek, lo que mucho más tarde ha llegado a ser “neoliberalismo”. Directamente:

La creación de una efectivo orden legal internacional [en la forma de de una federación multinacional] es un complemento necesario y la consumación lógica del programa liberal.

El camino desde la European Act al Brexit

Si hay un apersona que captó perfectamente el mensaje de Hayek, ella fue Margaret Thatcher. Ella hizo campaña para confirmar la pertenencia de su país a la Comunidad en 1975.En el gobierno entre 1979 y 1990 apoyó con fuerza tanto la unificación del mercado común , particularmente a través de la Single European Act, como la expansión de su alcance hecho posible por el colapso del telón de acero en 1989.De acuerdo con el argumento de Hayek, la movilidad incrementada creada  por la profundización del mercado común desapoderó a los estados miembros, mientras que la creciente heterogeneidad creada por las ampliaciones post 1989 previno que la federación asumiera poderes regulatorios y redistributivos  que los estados miembros resultaban incapaces de ejercitar. Esta es la trampa de Hayek, la trampa en la que mas que nunca estamos gracias a las ampliaciones de 2004 y 2007 y a la defensa sin desmayo de las “cuatro libertades” por la Comisión Europea y el Tribunal de Justicia de la Unión Europea.

¿Cómo deberíamos reaccionar? Como lucidamente explicó Hayek, si excluimos un nuevo levantamiento de las fronteras nacionales, con las enormes pérdidas económicas y de todas clase que podría desencadenar, queda una sola opción: debemos construir un genuino cuerpo político europeo que afronte el mercado único Europeo, en lugar de permitir a cada nación estado luchar con los límites impuestos por dicho mercado y, más allá, por un mercado mundial crecientemente globalizado. En particular, necesitamos urgentemente construir instituciones económicas que organicen al menos parte de la redistribución a una escala mayor. Tal redistribución impulsará la persecución de la justicia directamente, por medio de transferencias de la unión mejor protegidas contra la competencia social y tributaria que la redistribución a nivel nacional e indirectamente mediante la protección de la redistribución nacional contra la competencia social y tributaria
Esto no significa que necesitemos construir un megaestado social a nivel de la UE igual al que existe a nivel federal en los Estados Unidos. Nuestros respectivos estados nacionales han sido modelados, y deberían continuar siendo modelados, por debates separados durante mucho tiempo. Aunque solamente fuera por la diferencia lingüística de estos debates, una particularmente fuerte versión de la subsidiariedad debería resultar aplicable. En materias de política social como en muchas otras, ello justificaría un grado de descentralización significativamente mayor que el que sería óptimo con un población mononacional del mismo tamaño. El riesgo moral inherente a tal descentralización reduciría legítimamente el nivel óptimo de transferencias entre estados: “ninguna solidaridad sin responsabilidad”, como continuamente oímos a lo largo de la crisis griega. Sin embargo, el hecho de que un alto nivel de solidaridad es más duro de conseguir y mantener políticamente a nivel Europeo que a nivel nacional no lo hace menos importante.

Omito aquí la forma que esta amplia redistribución de la la UE podría y debería tomar ( ver El Euro-Dividendo). Lo que es claro, sin embargo, es que sus posibilidad política y sostenibilidad requiere un ulterior apoderamiento de la Unión, que debería estar autorizada a gravar y redistribuir entre las fronteras de una manera menos insignificante que la que emplea hoy. La UE no necesita imitar el estado federal americano, pero necesita hacer más de lo que dicho estado hace si no quiere permitir que su modelo social Europeo degenere, inmovilizado como está en la trampa de Hayek, en algo mucho más patético que el estado de bienestar americano, al que los Europeos tan a menudo miran desde arriba. Tal movimiento, urgentemente necesario para salir de la trampa, es desde luego exactamente lo que Margaret Thatcher, discípulo de Hayek hubiera odiado que ocurriera. En Statecraft, su libro de 2002, ella formula una fiera defensa contra los que quieren erigir algo similar a los Estados Unidos de Europa:

El paralelismo [con los Estado Unidos] es tan equivocado como profundamente significativo. Es equivocado porque los Estados Unidos se basaron desde su formación en un lenguaje, cultura y valores comunes­-Europa no tiene ninguna de estas cosas. También es equivocado porque los Estados Unidos se fraguaron en el siglo 18 y se transformaron en un sistema federal verdadero en el siglo 19  a través de los acontecimientos, sobre todo de las necesidades y resultados de la guerra. En contraste, “Europa” es el resultado de planes, es, desde luego, un proyecto utópico clásico, un monumento a la vanidad de los intelectuales, un programa cuyo destino inevitable es el fracaso: solamente la escala del daño final resultante resulta dudosa.

Después del famoso discurso del ministro de exteriores alemán Joschka Fischer sobre el objetivo último de la integración europea (Berlín, Mayo 2000), no dudo en personalizar:

No es ninguna sorpresa para mí que los mayores partidarios del Euro-federalismo hoy echaran primero sus dientes políticos en el utopismo infantil, teñido con la violencia revolucionaria, en los últimos 60 y 70.

En la medida en que se propaga que esto es precisamente lo que hay que hacer para salir de la trampa de Hayek, en la medida que crece la presión para moverse en esta dirección, su aviso a Gran Bretaña fue, y todavía sería hoy, para salir de la tenaza de este monstruo: después de “Yo quiero la devolución de mi dinero” es el turno de “Queremos nuestro país de vuelta”.

Pero, para no deshacer lo que se ha hecho durante décadas de acuerdo con el guión de Hayek, es crucial que Gran Bretaña retenga pleno acceso-y permanezca plenamente sujeta- al mercado Europeo, que Gran Bretaña y Margaret Thatcher pueden estar orgullosos de haber contribuido a profundizar y aumentar. De esta manera, Gran Bretaña, habiendo recuperado su “soberanía”, puede tranquilamente erosionar, por medio de la competencia tributaria y social, cualquier intento serio de perseguir la justicia igualitaria en Europea, tanto a nivel nacional como de la Unión. En otras palabras; “Déjennos Brexit pero “suavemente”, para conservar nuestra capacidad de sabotaje intacta”.Esto es lo que se puede llamar, sin mucha fantasía, el plan de Thatcher, la conspiración dirigida a salvar el programa neoliberal de Hayek del peligro de “proyecto utópico clásico” de una unión política, social y tributaria.

La Utopía Europea que necesitamos

El mismo Hayek, sin embargo, involuntariamente nos aconseja no abandonar este proyecto utópico. Diez años después de escribir el artículo antes citado, en el epílogo de la Segunda Guerra Mundial, Friedrich Hayek estaba desesperado acerca del cambio de los acontecimientos en Europa y Norteamérica. Con el New Deal, la expansión de los programas de seguridad social, las nacionalizaciones, y la expansión de regímense socialistas en Europa del Este de Estonia a Albania, el estatismo ganaba terreno en todo el mundo. En un artículo publicado en 1949 bajo el título “Los intelectuales y el socialismo” urgía a sus compañeros liberales  a erigir precisamente lo que Thatcher habría despreciado como “un monumento a la vanidad de los intelectuales”:

Si debemos evitar tal resultado, debemos ser capaces de ofrecer un Nuevo programa liberal que apele a la imaginación. Debemos hacer la construcción de una sociedad libre otra ves una aventura intelectual, una obra del coraje. De lo que carecemos es de una Utopía liberal, […] un verdadero radicalismo liberal que no ahorra las susceptibilidades de los poderosos (incluyendo los sindicatos), que no es demasiado práctico y que no se limita a lo que hoy parece políticamente posible[…] La principal lección que el verdadero liberal debe aprender del éxito de los socialistas es que fue su coraje por ser Utópicos lo que les ganó el apoyo de los intelectuales y por tanto una influencia en la opinión pública que está diariamente haciendo posible lo que hasta recientemente parecía profundamente remoto

Articular nuestras utopías no es solo una manera de capacitarnos para lograr lo que es posible. Hace posible lo que actualmente es imposible. Si Hayek no hubiera pensado así y no hubiera estado en lo cierto al pensar así, su neoliberalismo no estaría dominando el mundo medio siglo después. Si no queremos permanecer inmovilizados con el neoliberalismo o abandonar el terreno libremente a las distopías nacionalistas o yihadistas, lo que necesitamos ahora es aprender de Hayek lo que el aprendió de los socialistas. Necesitamos utopías auténticas, no menos, como Europeos en lo que se refiere al destino de la Unión europea.

Pero si el proyecto utópico que necesitamos debe tener algún oportunidad de ser realizado, deberá protegerse así mismo contra la presión de la globalización, incluyendo- mediante duras negociaciones del Brexit- contra la competencia tributaria y social de de un estado potencialmente pirata al otro lado del canal. Sobre todo, necesitará  fortalecer sus instituciones federales  y desarrollar el demos a nivel de la UE requerido para hacerlas funcionar. Esto requerirá muchas iniciativas y cambios estructurales, especialmente para fortalecer el alcance de la deliberación pan-Europea referente a la negociación entre los estados. Pero un desarrollo es más importante que cualquier otro, y fue hábilmente identificado por Margaret Thatcher en su Statecraft:

Quizás la falta más significativa del ampuloso superestado [es decir la Unión Europea] es que no es, no será, de hecho no puede ser en último término, democrático […] La razón real por la que no puede funcionar una democracia pan-Europea es porque no existe ninguna opinión pública pan-Europea[…] Es un lugar común, pero es demasiado a menudo olvidado, que los naciones de la Unión Europea están profundamente divididas por el lenguaje- no menos que doce lenguajes principales se hablan ampliamente entre sus presentes miembros …[…] Desde luego, a su tiempo todos los Europeos pueden, en cualquier caso, hablar Inglés (Yo solamente medio sonrío). Si tal cosa sucede, resultaría posible considerar seriamente el tratar de hacer funcionar la democracia al nivel pan-Europeo.

No puede haber un demos Europeo a menos que la gente sea capaz de comunicarse fácil y efectivamente una con otra a pesar de la diversidad de sus lenguajes nativos. Esto requiere la democratización de una común lingua franca. En la UE, esta lingua franca es y continuará siendo el Inglés, una histórica mezcla con pronunciación de Alemán y Francés que operará  como un medio más neutral de comunicación entre los Europeos después del Brexit. Pero esta democratización de una común lengua franca puede y debe ser  hecha consistente con el respeto por la diversidad de lenguajes nativos y con su preservación duradera, gracias a la específica implementación territorial de reglas obligatorias en lo que se refiere al uso de lo lenguajes en la comunicación pública y en la educación obligatoria.

He desarrollado esta posición en otro lugar (Justicia Lingüística paraEuropa y el Mundo) y me limitaré aquí a probar que no es completamente imposible citando el Presidente alemán Joachim Gauck en su discurso acerca de “las perspectivas de una idea Europea”

Es verdad decir que la gente joven está creciendo con el Inglés como lingua franca. Sin embargo, siento que no deberíamos simplemente permitir que las cosas sigan su curso en materia de integración lingüítica. Porque más Europa significa multilingüismo no solo par las élites sino para segmentos siempre más grandes de población, para más gente siempre, últimamente para cada uno. Estoy convencido que sentirse en casa en una lengua nativa y en su magia y ser capaz de hablar suficiente Inglés para manejarse en todas las situaciones y a todas las edades  pueden coexistir en Europa. Un lenguaje común haría más sencillo  realizar mi deseo para el futuro de Europa- un ágora Europea, un foro común de discusión para capacitarnos a vivir juntos en un orden democrático

Palabras de tal coraje y amplitud de miras nos deberían dar esperanza, pero no fueron exactamente recibidas en Alemania con aprobación unánime, patria del primer lenguaje de la UE en términos de hablantes nativos. Ello conduce a un conjunto de cuestiones difíciles, no solamente acerca de cómo democratizar la competencia en la lingua franca, sino también de prevenir que el forum público Europeo sea colonizado por la prensa Anglo-Americana- The Economist, The Financial Times, Politico y otros. Dejo estas cuestiones al margen así como otras sobre lo que es necesario hacer, más allá de esta dimensión lingüística para fortalecer el demos Europeo y ayudar a conseguir lo que Hayek consideró imposible para él.

Quiero terminar, sin embargo, regresando a una condición más fundamental y general para el progreso y a veces simplemente para la resistencia a la regresión. Fue poderosamente formulada en el párrafo final de la lección de Max Weber en 1919 Politik als Beruf: 

La política es un fuerte y lento aburrimiento de comisiones duras. Requiere tanto pasión como buen juicio. Ciertamente toda la experiencia histórica confirma la verdad de que el hombre no habría conseguido lo posible a menos que continuamente hubiera intentado lo imposible. Pero para hacer tal cosa un hombre debe ser un líder y no solamente un líder sino un héroe también. En un sentido muy sobrio de la palabra. E incluso aquellos que non líderes ni héroes deben armarse a sí mismos  con aquella valentía del corazón que puede soportar incluso el derrumbe de todas las esperanzas. Esto es necesario ahora o en otro caso los hombres no serán capaces de obtener lo que es posible hoy. Solamente tiene la llamada de la política el que está seguro que de que no se derrumbará cuando el mundo es desde su punto de vista demasiado estúpido o básico para lo que el quiere ofrecer.

Estos son los hombres y mujeres que Europa urgentemente necesita para conducir la lucha cuesta arriba de una Europa más justa. Es su dedicación y su persistencia, su pasión y su buen juicio lo que hará posible un día aquello que hoy es -o parece- imposible.

This text is excerpted from the Max Weber lecture “Just Europe” delivered at the European University Institute on 16 November 2016.

© Social Europe
(traducción Guillermo Ruiz Zapatero.La traducción corresponde a una licencia no comercial)

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